11 feb 2012

"Se manifieste o no en los trastornos individuales, el deterioro de la interacción social [por la guerra] es en sí mismo una grave perturbación social, una erosión de nuestra capacidad colectiva de trabajo y de amor, para afirmar nuestra identidad única, para contar nuestra historia personal y común dentro de la historia de una sociedad. Por esta razón, el desafío no se limita a hacer frente a la destrucción y los trastornos causados por la guerra. El reto es construir una nueva persona en una sociedad nueva. "
Ignacio Martín-Baró



Ignacio Martín Baró SJ (1942 - 1989)



Cronología Biográfica.

v Nació en Valladolid el 7 de septiembre de 1942.

v Entro a la Compañía de Jesús de Orduña (España), el 28 de septiembre de 1959. Sus superiores lo trasladan al noviciado de Villagarcía y de ahí lo enviaron al de Santa Tecla, en El Salvador, donde hizo su segundo año de noviciado.






v A finales de septiembre de 1961, lo enviaron a la Universidad Católica de Quito, donde estudio humanidades clásicas.

v En 1962 lo envían a Santafé de Bogotá, donde estudió filosofía en la Universidad Javeriana.

v En 1964 obtuvo el bachillerato en filosofía y al año siguiente la licencia en filosofía y letras.

v En 1966 regresa a el Salvador y es fue destinado al Colegio Externado, en el cual fue profesor por dos años.

v En 1967 dio algunas clases en la UCA y se fue a estudiar teología a Frankfurt y Lovaina.






v En 1970 obtuvo su bachillerato en teología en Eegenhoven. Gracias al esfuerzo de Ellacuría por traer a Centroamérica la formación de los estudiantes jesuitas, el último de los cuatro años de teología lo hizo en San Salvador.

v Una vez terminada la teología comenzó sus estudios de psicología y fue profesor de la UCA.

v En 1975 obtuvo la licencia en psicología.




 v Entre 1972 y 1975 fue decano de estudiantes y miembro del Consejo Superior Universitario.

v En 1972 publica su primer libro, “Psicodiagnóstico de América Latina”, el cual nace de la experiencia de sus primeras clases en la UCA.

v Siguieron otros textos universitarios, en los cuales integró la psicología social tradicional en el contexto de la guerra civil salvadoreña.
v En ellos sostenía que la psicología debía enfrentar los problemas nacionales y, por lo tanto, debía ser desarrollada desde las condiciones sociales existentes y las aspiraciones históricas de las mayorías populares.

v Entre 1971 y 1974 fue jefe del Consejo de redacción de ECA.

v Entre 1975 y 1976, fue su director.

v En 1971 y 1972 fue profesor de psicología en la Escuela Nacional de Enfermería de Santa Ana.

v En 1977 obtuvo la maestría en ciencias sociales en la Universidad de Chicago. La tesis de su  maestría trató sobre las actitudes sociales y los conflictos grupales en El Salvador.


  
v En 1979 recibió el título de doctor en psicología social y organizativa, por la Universidad de Chicago. La tesis de su doctorado trató sobre la densidad demográfica de las clases populares salvadoreñas.

v Terminados sus estudios de postgrado, regresó a San Salvador y a la UCA, donde reanudó su actividad docente.

v Desde 1981 fue vicerrector académico y miembro de la junta de directores.

v En 1989, al dividirse en dos esa vicerrectoría, pasó a ser vicerrector de Postgrados y Director de investigaciones.

v En 1982, la Junta de Directores lo designó jefe del Departamento de Psicología.

v En 1986, fundó y dirigió el Instituto Universitario de Opinión Pública (IUDOP), cuyo principal objetivo era preguntarle al pueblo salvadoreño qué pensaba y proporcionarle a la sociedad salvadoreña lo que el llamó un “espejo social”, en el cual la población podía ver reflejada su propia imagen, mientras avanzaba en la construcción de su mundo.





v Consideraba que las encuestas de opinión pública, por la información que proporcionaban así como por la facilidad con la cual podían comprenderse,  eran un contrapeso eficaz para la exagerada ideologización de la vida nacional salvadoreña.

v Bajo la dirección de Martín-Baró, desde julio de 1986 hasta su muerte, el Instituto Universitario de Opinión Pública hizo veintitrés encuestas entre la población metropolitana, urbana y rural, sobre temas que comprendieron desde el diálogo y la negociación hasta la salud, la religión y las elecciones próximas.




v Además, fue miembro del Consejo Editorial de UCA Editores y de los consejos de redacción de las revistas ECA, Revista de Psicología de El Salvador y Polémica (Costa Rica). A través de la opinión pública comenzó a trabajar concientizando a las personas sobre los problemas y procesos sociales importantes.

v Al preguntar por las raíces de la guerra, fue objeto de fuertes críticas y a veces de la ira de la extrema derecha salvadoreña.

v Cuando en la elecciones legislativas de 1988 y las presidenciales de 1989 el IUDOP proyectó con exactitud asombrosa los resultados y daba como ganador a ARENA, el Partido Demócrata Cristiano junto con algunos medios de comunicación masiva, atacaron furiosamente al instituto, tratando de desprestigiarlo.

v Al dar a conocer los resultados de la encuesta sobre el Debate Nacional, mostrando un fuerte apoyo popular para el diálogo y la negociación, los medios de comunicación social lanzaron un feroz  ataque contra el IUDOP.

v En 1988, el P. Martín-Baró y otros colegas de Centroamérica, México y Estados Unidos establecieron el Programa Centroamericano de Opinión Pública para unir a los institutos universitarios de opinión pública. 

v Para el P. Martín-Baró, la objetividad de las proyecciones de las encuestas de opinión pública era de vital importancia, y luchó para que no hubiera  abusos por parte de los gobiernos y de ciertas firmas comerciales.




v El P. Martín-Baró era sumamente cauteloso con los resultados de las encuestas. Nunca los sobredimensionó; siempre trató de contextualizarlos e interpretarlos.

v Bajo su dirección el Programa Centroamericano de Opinión Pública desarrolló un código profesional de prácticas y éticas para guiar a los encuestadores centroamericanos.

v En los últimos meses de su vida dirigió la preparación de informes del estudio político más grande de Centroamérica, el cual consiste de cuatro mil entrevistas en profundidad hechas en El Salvador, Costa Rica y Nicaragua.

v Estaba organizando, además, una comisión internacional de académicos para monitorear y evaluar todas las encuestas pre-electorales de Nicaragua.

v A el P. Martín-Baró la UCA le debe mucho. Siempre ocupó un cargo administrativo y de él dependía, la calidad académica de la universidad al ser el Vicerrector de esa área.
v En medio de tanto trabajo y polémica, su respiro era la parroquia de Jayaque (parroquia rural a 30 kilómetros de San Salvador), la cual atendía como sacerdote los fines de semana.

v Sus estudiantes que lo acompañaban recuerdan que “su cara se encendía al entrar en el auto para ir allá. Era como si dejaba atrás el cerebral Nacho de la UCA. Allá todo era amor y felicidad”.

v Entre la gente sencilla y pobre, Martín-Baró experimentaba un cambio notable. Se volvía alegre, reía mucho y se mostraba cariñoso, sobre todo con los niños. Alegraba las reuniones y fiestas con su guitarra y su voz.







v Antes de prestar sus servicios sacerdotales en Jayaque, colaboró en la colonia Zacamil de San Salvador, a comienzos de la década de los ochentas.

v Dicen que en su última homilía en Jayaque, estuvo muy lúcido, como si previera lo que iba a pasar.

v Al ser un hombre inteligente y sabiendo del peligro que corría, en uno de sus últimos escritos, Martín-Baró de forma muy realista describió cómo sería manejado su propio asesinato: “Se llega así a la paradoja de que quien se atreve a nombrar la realidad o a denunciar los atropellos se convierte por lo menos en reo de la justicia”.

v En febrero de 1989, Martín-Baró comenzó a hablar de un ambiente en el cual prevalecía “la posibilidad de ser asesinado cualquier día y la posibilidad de verse envuelto en un choque violento en cualquier momento”.

v El 15 de noviembre Martín-Baró habla por teléfono con su hermana Alicia, en Valladolid, donde le explica que estaban virtualmente rodeados por el ejército.

v Murió asesinado, por el batallón Atlacatl, un comando del ejército salvadoreño el 16 de noviembre de 1989, junto a otros 5 jesuitas;  Ignacio Ellacuría, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Armando López y Joaquín López y López. 





v Además fueron asesinadas una mujer (Elba Ramos) y su hija de 16 años (Celina) que trabajaban en la residencia donde habitaban los sacerdotes.





Bibliografía:

v De la Corte, L (1998) Primer Estudio. Ignacio Martín Baró. Vida y Circunstancia de un Psicólogo social. Capítulo 3 y 4. En: Compromiso y Ciencia Social: El Ejemplo de Ignacio Martín Baró. Disponible en http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/testo.html

v Página Web Universidad Centroamericana José Simeón Cañas. Mártires.  Ignacio Martin Baró. Recuperado el 06 de febrero de 2012 en:http://www.uca.edu.sv/martires/new/baro/fbaro.htm


v Wikipedia, Enciclopedia Libre. Recuperado el 06 de febrero de 2012 enhttp://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Martín-Baró

v Departamento de Psicología Social, UCA. Recuperado el 06 de Febrero de 2012 en: http://www.uca.edu.sv/martires/nachob.html





El sacerdote:

No podría empezar mi análisis de la vida del P. Martín Baró como sacerdote,  sin antes tomar el tema de la a  congregación General    XXXII ( 1974-1975), la cual ha sido probablemente el acontecimiento histórico que más trascendencia ha tenido para la Compañía de Jesús en los últimos tiempos y quizás uno de los más fundamentales de su historia por lo que ha significado para ella y para las expectativas que en ella se pusieron, reorientando la misión de la Compañía, al servicio de la fe, del que la promoción de la justicia constituye una exigencia absoluta.


El propio P. Pedro Arrupe S.J, general de la Compañía en esos momentos, dio nuevos ánimos al proyecto de vida misionera e instó a sus hermanos a luchar contra el ateísmo a través del trabajo por la justicia social, porque a su parecer, las injusticias sociales predisponen a las gentes a las doctrinas ateas que incorporan los programas revolucionarios.


También es importante resaltar que no había pasado mucho tiempo de la conclusión de la Congregación General XXXI (1966), donde el mismo papa Pablo VI, propuso a la Compañía una “misión especial” exhortando a los jesuitas a oponerse al ateísmo que con muy diferentes caras, de forma abierta o indirectamente, a través de la cultura, la política y la vida social amenazaban a una humanidad de forma confusa. Para ello, instó a los jesuitas a trabajar en la investigación; a recoger toda clase de información; inclusive si creían conveniente, a publicarla; tratándose entre sí; formando especialistas en la materia; utilizando su carisma y espiritualidad al servicio de la fe (Barget, 1981).


Además es importante recalcar que la Compañía de Jesús siempre ha concedido gran valor a la formación académica y humanista de sus miembros, ya que para ella el sacerdote letrado es un medio privilegiado para moverse más eficazmente dentro de la misión universal de la Iglesia    (Diego, L., tomado de Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, 2007,p. 1588.).

Por todo lo expuesto anteriormente, puedo decir que Ignacio Martín Baró fue un sacerdote completamente congruente con su espiritualidad, con su ser jesuita y con su interpretación de los signos de los tiempos que le tocó vivir, teniendo el coraje y valor para defender la verdad y la dignidad humana, aun sabiendo que arriesgaba su vida.


Ante todo fue un testimonio de una manera novedosa y creativa de ser sacerdote, siendo culto, franco, auténtico y coherente con su manera de sentir y de pensar. Un sacerdote invitado a vivir por su espiritualidad, en un libertad absolutamente nueva y desconcertante.






Martín Baró fue un hombre carismático, cuyo sacerdocio partió -como todo buen jesuita- de una experiencia personal de Dios en los Ejercicios Espirituales. Para ser sacerdote jesuita como Ignacio y los primeros compañeros, tuvo que vivir una experiencia espiritual equivalente a la de su padre fundador. Una experiencia en la que se vio invitado a colaborar con Dios respondiendo desde los signos de los tiempos y desde el evangelio. Dicho de otra manera, intentando evangelizar y siendo apóstol desde la novedad de su historia. Fue “un activista al borde de los caminos, un misionero cuya espiritualidad es la de ser compañero de Jesús” ( Diego, L., tomado de Diccionario de Espiritualidad Ignaciana, 2007,p. 1589.)

Bibliografía:

v Grupo de Espiritualidad Ignaciana (GEI) (2007). Diccionario De Espiritualidad Ignaciana. Santander y Bilbao, España: Editoriales Sal Terrae y Mensajero.

v Bangert, W., V. (1981). Historia de La Compañía de Jesús. Santander, España: Editorial Sal Terrae.

v De la Corte, L (1998) Primer Estudio. Ignacio Martín Baró. Vida y Circunstancia de un Psicólogo social. Capítulo 3 y 4. En: Compromiso y Ciencia Social: El Ejemplo de Ignacio Martín Baró. Disponible en http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/testo.html



El defensor de los derechos humanos:

Según la Enciclopedia Autodidacta Océano Color, “los derechos humanos son aquellas libertades, facultades, instituciones o reivindicaciones relativas a bienes primarios o básicos que incluyen a toda persona, por el simple hecho de su condición humana, para la garantía de una vida digna, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión,   opinión política o de cualquier otra índole,origen nacional  o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición”.


Por lo hasta ahora expuesto en este análisis, es evidente que el P. Martín Baró fue un arduo defensor de los derechos humanos, estando siempre atento a las necesidades de los más pobres, marginados y excluidos, luchando para que tuvieran una vida digna, dándoles una voz donde no eran oídos, sobretodo  a través de la psicología y el análisis, por los cuales evidenció y trató de remediar la terrible injusticia de la que eran víctimas.





Para Martín-Baró la psicología no sólo debía respetar los derechos humanos sino que de igual manera debía velar y apuntar a aquellos casos en los cuales están comprometidos.

Además de trabajar en obras concretas de acompañamiento, solidaridad y servicio a los más pobres, dedicó su vida a fomentar la educación en El Salvador, identificando y abordando los problemas económicos y sociales que afectaban a la mayoría de la población salvadoreña. También estuvo siempre promoviendo el fin del conflicto armado.


El P. Martín-Baró trabajó de forma pacífica por la defensa de los derechos humanos, informando al público sobre los resultados  de sus encuestas y análisis. Hizo evidente la realidad y se atrevió a darle una voz a los que no podían, o tenían miedo a hablar. Además promovió campañas para la promoción y protección de esos derechos.


Es increíble que 20 años después de su asesinato, el P. Martín-Baró siga trabajando por la justicia y la paz, ya que en su nombre y en el de sus 5 compañeros jesuitas muertos, en El Salvador, y en todo el mundo se siguen dedicando  programas universitarios, institutos académicos, bibliotecas, centros de investigación, programas pastorales, centros espirituales, y programas dedicados a los logros educativos, la justicia social, derechos humanos, y al alivio de la pobreza. El legado histórico de su obra social todavía no acaba. Muchos de sus alumnos de la UCA se convirtieron en el gobierno de El Salvador. Como políticos y líderes de la sociedad civil, han ayudado a facilitar la comunicación, el diálogo y las negociaciones.


Bibliografía:
v    Enciclopedia Autodidacta Océano Color (2001). Barcelona, España: Océano Grupo Editorial, S.A.

v    De la Corte, L (1998) Primer Estudio. Ignacio Martín Baró. Vida y Circunstancia de un Psicólogo social. Capítulo 3 y 4. En: Compromiso y Ciencia Social: El Ejemplo de Ignacio Martín Baró. Disponible en http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/testo.html

v    Wikipedia, Enciclopedia Libre. Recuperado el 06 de Febrero de 2012 enhttp://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Martín-Baró




El Psicólogo Social:

El P. Martín-Baró, no sólo  fue un psicólogo preocupado por los grandes problemas del subdesarrollo, dependencia, y opresión que se vivía en El Salvador, sino que lo más importante, es que buscó y diseñó una psicología que fuera operante y pudiera responder a las necesidades populares. Fue un psicólogo con una gran lucidez intelectual y con un hondo sentido del compromiso con los desposeídos. Además tuvo una reconocida habilidad para integrar diversas teorías y cuestionar las creencias tradicionales.

Contribuyó de manera decisiva a fundamentar teóricamente la “Psicología de la Liberación”. Dedicando una gran cantidad de  estudios al análisis de los problemas psicosociales más importantes de El Salvador y América Latina; como lo son la violencia política, la represión, los mitos culturales, el sometimiento de la mujer, las ideologías.



Para Martín-Baró, el servicio a las mayorías populares debía comenzar con un diagnostico psicológico de la guerra sufrida de manera directa por los pobres, independientemente del ejército al cual perteneciesen.

La riqueza conceptual y metodológica de sus estudios han servido para avanzar en la comprensión de la compleja realidad psicosocial latinoamericana. En la actualidad dichas riquezas se han convertido en el referente para la psicología latinoamericana; algo a lo que innumerables psicólogos se remiten a la hora de medir los supuestos de su quehacer intelectual y profesional. Su trabajo ha inspirado el desarrollo de la Psicología social de la liberación en América Latina y de la Psicología comunitaria  alrededor del mundo.


Como psicólogo, Martín-Baró nos enseñó a discernir los horizontes de nuestra responsabilidad social con nuestra realidad histórica. Se esforzó por hacer del saber psicológico un saber situado y fechado. Propuso y defendió la tesis de que la psicología debería establecer una estrecha relación con las condiciones sociales e históricas del territorio donde se desarrolla y, asimismo, con las aspiraciones de las personas que en él residen.





 Además rechazó la cómoda y falsa idea de que la psicología es imparcial. En lugar de esto él concibió una psicología crítica y comprometida con diferentes proyectos de sociedades alternativas que se venían gestando en Latinoamérica desde hace muchos años atrás.

Para Martín-Baró, la salud mental de los individuos puede estar influida por reacciones anormales a situaciones normales, asimismo pueden ocurrir reacciones normales frente a condiciones anormales.
Además subrayó que el inicio de la solución  a los problemas de salud mental de los individuos que viven en sociedades opresivas -donde la “anormalidad es normal”- está en la trasformación de la sociedad para trascender sus condiciones históricas relativas y superar la opresión. 

Martín-Baró estaba convencido de la potencial "des-ideologización" de la psicología social y  cuestionó los modelos de la psicología tradicional, considerando que esos modelos eran inadecuados para confrontar las situaciones generadas directamente por la violencia estructural en El Salvador.




Por eso en el año 1986, en un esfuerzo por impulsar la psicología social y contribuir a 'des-ideologizar' la realidad en El Salvador, que era un país políticamente polarizado, emprendió con entusiasmo la fundación del Instituto Universitario de Opinión pública (IUDOP), e inició un innovador trabajo de análisis de la opinión pública salvadoreña sobre los importantes procesos y problemas sociopolíticos que ocurrían en su país.


Además como psicólogo, advirtió sobre la división de la sociedad por una especie de “espejo ético”, que hace que ambos lados se contemplen como “ellos” y “nosotros”, “los buenos” y “los Malos”. Cada grupo estaba separado por un abismo insalvable, en el cual no cabía el sentido común. La mentira ocultaba estas realidades y al mismo tiempo reforzaba la idea que la única solución a la violencia era más violencia “ …casi sin darnos cuenta nos hemos acostumbrado a que los organismos institucionales sean precisamente lo contario de lo que les da la razón de ser; quienes deben velar por la seguridad se han convertido en la fuente principal de la inseguridad; los encargados de la justicia amparan el abuso y la injusticia; los llamados a orientar y dirigir son los primeros en engañar y manipular” ( Martín-Baró, 2006 ).

Las implicaciones políticas  del compromiso de Martín-Baró con sus ideas encontraron una fuerte oposición en las fuerzas políticas conservadoras en El Salvador. Esta oposición derivó en su asesinato por el ejército salvadoreño en el año 1989 en su residencia en la UCA.







Bibliografía:

v Martín Baró, I. (2006, agosto). Hacia una psicología de La liberación. Revista Electrónica de Intervención Psicosocial y psicosocial Comunitaria 2006, Vol. 1, No.2, pp. 7-14. Recuperado el 07 de febrero de 2012, de: http://dialnet.unirioja.es/servlet/dcfichero_articulo?codigo=2652421

v De la Corte, L (1998) Primer Estudio. Ignacio Martín Baró. Vida y Circunstancia de un Psicólogo social. Capítulo 3 y 4. En: Compromiso y Ciencia Social: El Ejemplo de Ignacio Martín Baró. Disponible en http://www.uca.edu.sv/facultad/chn/c1170/testo.html

v Brackey, D. (2010). Espiritualidad para la solidaridad: nuevas perspectivas ignacianas. San Salvador, El Salvador: UCA Editores.

v Wikipedia, Enciclopedia Libre. Recuperado el 07 de febrero de  2012, dehttp://es.wikipedia.org/wiki/Ignacio_Martín-Baró


Contexto histórico en el que vivió:

La República de El Salvador, es un país localizado en América Central, con una población estimada de 6.251.495 habitantes para el año 2012. Debido a su extensión territorial (21.041 Km2) tiene la densidad poblacional más alta de América continental.


 El Salvador ha sido un país donde a lo largo de su historia, ha  vivido continuas crisis sociales y políticas.


El momento histórico de El salvador, en el cual le tocó desarrollar su obra al P. Martín-Baró se conoce comúnmente como guerra civil. En dicho conflicto se enfrentaron, el ejército gubernamental, la Fuerza Armada de el Salvador ( FAES), en contra de las fuerzas insurgentes del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). El conflicto nunca fue declarado en forma oficial, pero se considera usualmente que se desarrolló entre 1980 y 1992, aunque es importante subrayar que el país vivió un ambiente de crisis política y social extremas durante toda la década de 70´s.




El número oficial de víctimas de esta confrontación armada has sido calculado en 75.000 muertos y desaparecidos.

En esa época histórica, en El Salvador se vivía  una alteración política significativa, en la que partidos nacionales se aliaban entre sí en búsqueda del poder político del país, a través de la Presidencia de la república.


Todo ello desembocó en golpes de estado e imposiciones del triunfo de la presidencia de la republica por parte de los militares, provocando inestabilidad política y social en el país, reflejándose fuertemente en un desequilibrio demográfico, económico, social e incluso cultural.

Para poder entender la vida y obra del P.  Ignacio Martín Baró, es importante conocer las características básicas y representativas del ambiente social histórico en el que se vio envuelto a lo largo de su vida en ese país centroamericano. Estas características se trasformaron en el motor principal para la elaboración de su trabajo como psicólogo social, tratando de formular una “Psicología de la Liberación.”

Dentro de dichas características sobre el ambiente social histórico de El Salvador, se pueden destacar las siguientes:  

v La  economía y modelo de desarrollo dependiente.
v La  "heterogeneidad estructural".
v La  enorme inestabilidad socio-política.




Además de estas características debemos añadir el imparable crecimiento demográfico, el cual conllevó a un  incremento sustancial de pobreza y subdesarrollo. 


La emigración también jugó un papel fundamental de ese momento histórico, ya que una gran cantidad de población salvadoreña, por efecto directo de los peligros que se corrían al vivir en zonas de combate en la guerra civil, y por efecto indirecto por los desplazamientos forzosos, o por la necesidad de encontrar medios de vida alternativos, hacen que las poblaciones que en su mayoría se encontraban campesinas huyan o sean forzadas a emigrar tanto en el interior del país, a diferentes zonas del territorio nacional, como al exterior de El salvador.

Se estimada que más de un millón de habitantes se vieron obligados a emigrar tanto dentro como fuera del territorio nacional, siendo  para la mayoría Estados Unidos el destino principal.


Además la guerra civil de El Salvador, ha sido considerada como uno de los conflictos derivados de la confrontación ideológica, política y militar entre la Unión Soviética  y los Estados Unidos (con sus respectivos aliados), conocida como Guerra Fría.
Los dos bandos en pugna en el conflicto salvadoreño, estaban influenciados por la contienda global.

El Gobierno de El Salvador había mantenido una firme alianza con los EE.UU desde mediados del siglo XX.

Oficiales del ejército gubernamental, la FAES, recibieron adiestramiento en centros militares estadounidenses como la Escuelas d las Américas aún en la época anterior al conflicto bélico salvadoreño, obteniendo el apoyo de los gobiernos de Jimmy Carter, Ronald Reagan, y George H. W. Bush. 



Por otra parte, los movimientos de izquierda que conformaron el FMLN, en especial, el Partido Comunista Salvadoreño, mantenían relaciones de cooperación con la URSS, los países del bloque socialista de Europa del Este, Cuba y Nicaragua.

Todos estos sucesos forman parte del contexto sociocultural que vivió y experimentó el P. Ignacio Martín Baró. Sucesos que lo llevaron a través del análisis, la reflexión y la crítica, a luchar por la justicia social de las poblaciones más vulnerables de El Salvador, proponiendo una “Psicología de la Liberación” como respuesta al sufrimiento de la sociedad que tanto amo.






Concluyo diciendo que la realidad histórica que vivió el P. Martín-Baró, estuvo inmersa en el terrible sufrimiento de la mayoría de la población salvadoreña, que durante décadas padeció de injusticias y pobrezas extremas. Su congruencia como sacerdote, jesuita y persona lo llevaron a comprometerse  con la justicia y a luchar  por la verdad, tratando de “des-idealizar” a las masas, haciendo que las personas reconocieran su dignidad como seres humanos y sus derechos como ciudadanos. Desde su trinchera de intelectual tuvo el valor de luchar por los demás, aun sabiendo que dicha postura hacía que peligrara su vida.


  



Referencias Bibliográficas:

v De la corte Ibáñez, L. (1998). “Compromiso y Ciencia Social El Ejemplo de Ignacio Martín Baró”, Tesis Doctoral presentada en la Facultad de Psicología en la Universidad Autónoma de Madrid. Madrid, España.

v Comisión Cívica Democrática. “La Guerra Civil (1980-1992)”. Recuperado el 06 de febrero de 2012 en:

v Wikipedia, Enciclopedia Libre. Recuperado el 06 de febrero de 2012 en:  http://es.wikipedia.org/wiki/Historia_de_El_Salvado






Reflexión Personal:

Debo de confesar que al ser este  mi primer encuentro con la persona del P. Ignacio Martín Baró,  termino este trabajo con una sensación muy grande de gratitud por el testimonio de vida que nos legó a todos los latinoamericanos.
Ante la problemática nacional tan pesimista que afrontamos en México, el P. Martín-Baró fue y sigue siendo un ejemplo real y coherente, de lo que significa ser persona como cristiano, psicólogo social, jesuita y  sacerdote.

Al igual que el P. Martín-Baró, yo también he tenido la fortuna de vivir la experiencia de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio -la que valúo y aprecio como lo más importante que he hecho en mi vida-  y me he sentido invitada a trabajar por este mundo…a construir un mundo nuevo y mejor; luchando por la verdad, y sobretodo defendiendo a los más pobres. Pero para ser honesta, dicha misión conlleva mucho esfuerzo, congruencia, audacia, valor…atributos de los que muchas  veces flaqueo. El P. Martín-Baró con su testimonio, me invita a seguir creyendo y luchando por  ese proyecto de vida, que para ser honesta, a veces se me transforma en utopía, ya que la realidad nacional que vive México es muy negativa. Llevamos 6 años  inmersos en una violencia sin límites. El miedo y la inseguridad se convirtieron en  los principales temas de nuestro quehacer diario, dejando en un segundo término, la no menos preocupante situación política y económica, que nos envuelve.
Al igual que el P. Martín-Baró estoy convencida que la pobreza y la injusticia son las  principales causas de nuestros males. Dicha pobreza e injusticia no sólo ha sido producida por el capitalismo internacional, sino también por el nacional y, en el fondo, por el criterio económico, al que sólo le preocupa la ganancia ( Valdez, 2003).
A diferencia de El Salvador, yo considero que en México como en Estados Unidos, existe una oligarquía disfrazada de desarrollo y modernidad, a la que me suelo referir como “El Gran Poder”. Una oligarquía impune y represiva, muy inteligente y sutil,  escudada por el sistema económico  que impera en la mayoría de los países occidentales, llamado neoliberalismo; el cual no ha traído más que riquezas para unos pocos y miseria, crisis y pobreza para la mayoría de su población. Ese “Gran Poder” utiliza al sistema, absolutizando el mercado hasta convertirlo en el medio, el método y el fin de todo comportamiento humano inteligente y racional, subordinando la vida de las personas, el comportamiento de las sociedades y la política de los gobiernos (Valdez, 2003). Un “Poder” absoluto e implícito, convertido en un fenómeno social,  que no acepta regulaciones de ningún tipo, y que  de forma sutil, maquiavélica y “legal”, utiliza la violencia física y psicológica  para controlar a las masas, reprimiendo y callando, explícita o implícitamente, a las personas que se vuelven incómodas y peligrosas para sus ambiciosos intereses.
Por eso, conocer la vida y obra del P. Martín-Baró,  me enseña de forma muy directa y real, que mientras no tengamos el valor de ser críticos y alcancemos la madurez política y humana,  para llevar a cabo las transformaciones que requiere México en un mundo globalizado, jamás podremos alcanzar un desarrollo que haga mejorar la vida a más de la mitad de la población, que se encuentra sumida en la pobreza y la desesperanza.
Estudiar al P. Martín-Baró me lleva a la certeza, que lo más importante que debemos de hacer desde la psicología social, es sacar a nuestra nación de la ignorancia para tener así  una masa de ciudadanos pensantes,  con educación,  para que en total libertad, obtengan una  formación ideologica que de verdad sea  crítica y  analítica, y de esa manera contribuyan al crecimiento y bienestar de nuestro país.
Como dije en un principio, termino esta reflexión con una gran sensación de gratitud, por haber conocido a un hombre maravilloso, que tuvo el valor de dar su vida por los más desprotegidos, sin esperar nada a cambio más que el cumplimiento de la justicia y la dignidad…un hombre que tuvo el coraje de inculturase en su realidad histórica y trasformarla. Y allí donde el egoismo humano llevó al odio, la injusticia y la desunión, como buen jesuita, el P. Martín-Baró, nos enseñó a vivir como hermanos y descubrir el rostro de Dios en todo (Valdez, 2003).



Bibliografía:


v Valdez, L. (2003). Preparar el Corazón. Ciudad de México, México: Buena Prensa.













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